- Baja la música cariño.
- ¿Qué?
- Amor, la música…
- ¿Las Pussicat? Ampliando nuevos horizontes musicales, ¿eh?
Un estruendoso “Don’t cha!!” retumbó por toda la sala, a Laura hasta se le cayó el canapé de la mano – uno de salmón con mantequilla, una gran creación culinaria en mi modesta opinión, sencillo, rápido, riquísimo.
- ¡Coño, Javier, quieres bajar la puñetera música!
Ejem… ¿Habíamos oído bien? Lu soltando dos tacos en la misma frase (vale, uno y medio, puñetera no es un taco en algunos círculos sociales), ¡y yo sin mi cámara a mano! Creo que vi a Rocky intentando hacer algo con su móvil pero me parece que estos Blackberry de último modelo sólo van bien para mirarte al espejo con ellos fingiendo que hablas, cosa que Rocky hacía bastante a menudo… La música cesó en seco y Lu se arregló el pelo e introdujo su dedo índice por el cuello de su jersey como si quisiera ensanchar ese pequeño agujero por donde, nadie sabía cómo, había conseguido colar su aleonada cabellera. Odio los cuellos altos, ¿a quién le gusta tener algo apretándote el gaznate toda una velada cuando puedes elegir respirar desahogadamente? La pobre Lu – Lucía, pero el diminutivo de Luci le parecía demasiado cateto, así que probamos con Lucy con Y griega, que por otro lado se pronuncia igual (es una de esas gilipolleces que sólo puedes sugerir estando borracho) pero le pareció más hortera aún, y como somos demasiado vagos para llamarla Lucía, todos llegamos a un acuerdo con Lu – estaba bastante nerviosa porque se había empeñado en dar un discurso de despedida aunque le advertí que no era necesario – de hecho estaba intentando evitar la catástrofe, siempre que suelta algún discursito se queda afónica y nos está pidiendo disculpas durante todo un mes por no haberlo hecho mejor… además Migue, hermano gemelo de Rocky el del Blackberry, se coloca estratégicamente a mi lado para ir repitiendo con una risita todas las palabras que dice que riman con alguna palabrota, aunque más bien siempre acaba encontrando algo que vaya con “agárrame un cojón”.
Pero la cuestión esta vez era que yo no quería ningún discurso de despedida, ninguna fiesta ni tener que decir adiós a todos y cada uno de mis amigos, ya sería demasiado duro tener que despedirme de mi familia en una exagerada comida-despedida familiar que me habían preparado para el día siguiente. No me iba para siempre pero era más de lo que me había retirado nunca. No podía quedarme más tiempo, Granada me agobiaba y no había ya más lugares nuevos donde esconderme, y siempre me lo acabaría encontrando, y nunca podría olvidar. Sólo quería irme y olvidarlo todo.
- ¿Me podéis atender un minuto? Gracias… - Lu ve demasiadas películas en las que se abre un brindis golpeando la copa con un cubierto… - Bueno ya sabéis para qué estamos todos aquí esta noche.
Todos me miraron, yo no sabía si llorar, salir corriendo, o coger una perforadora, cavar bien profundo y que literalmente la Tierra me tragara ("lástima, estamos en un tercero"), así que opté por poner la maravillosa sonrisa que tenía más que practicada para las fotos.
- Erika, nos conocemos de siempre. En la vida hemos discutido y…
- ¿Cómo que no? ¿Y cuando tú te liaste con Luija cuando a ella le gustaba? – interrumpió Virginia.
Virginia era la novia de Rocky (Luija), y no la soportábamos. Razones no faltaban. Al principio olía a contratransferencia debido a que ella no nos soportaba a nosotras. También pensamos que podría tener algo que ver con el hecho de que Rocky se había liado con todas las chicas del grupo (menos con Laura, pero creo que un día le tocó una teta a posta), mas luego dedujimos que, cruel decepción, se trataba un simple caso de misoginia. Virginia y Rocky llevaban dos años juntos, lo cual significaba que TODOS llevábamos dos años saliendo con Virginia, porque nos la endilgó desde el principio con la excusa de que esa era la definitiva y nos tendríamos que aguantar aunque no nos cayera bien (¿acaso ya se lo esperaba? Curioso…).
El día que nos fuimos de copas y salieron a la luz todos los trapos sucios de Rocky fue apoteósico. Fue hace poco más de un año. Estábamos en una taberna irlandesa tomando unas Budweiser – sólo a Javi le gusta la Guinness, dice que es incapaz de beber una bebida a través de la cual pueda ver – y entonces – oh, desgracia – alguien saltó con lo de jugar al “Yo nunca”. En mi opinión, el “Yo nunca” puede ser un juego divertido pero a la vez bastante desagradable cuando a la gente le da por decir la verdad. Consiste en que uno dice “Yo nunca he hecho algo” y quien haya hecho ese algo alguna vez, tiene que beber un sorbo de su copa. Normalmente se comienza (como un calentamiento) por chorradas tipo “Yo nunca he ido de rebajas” (y todas las chicas bebemos), para seguir con una del estilo de “Yo nunca he perdido el conocimiento con una borrachera” (ahí suelen beber más los chicos) y el juego acaba degenerando con un “Yo nunca he hecho un trío” y cosas peores que no quiero mencionar por si algún lector aún es lo bastante inocente como para que mis amigos lo perviertan. Total, que entre pitos y flautas, risas y chupitos de tequila, el granuja de Migue escupió un: “Yo nunca me he liado con mi hermano” y resulta que todas estábamos ya lo bastante desinhibidas como para dar rienda suelta a nuestra sinceridad, así que Lu, Laura, y yo cogimos nuestro chupito, brindamos y nos lo bebimos, y luego nos acompañó Javi pero ese ya no sabía ni a lo que estaba jugando… Entonces, y juro que no fue por efecto del alcohol, vimos cómo a Virgina le salía fuego de los ojos y de las orejas, se levantó de su asiento de un salto y se dio con una lámpara-candelabro en la cabeza. Todos pusimos cara de dolor, pero ella disimuló muy bien, puede que por la adrenalina del momento, por la cogorza del instante o por lo orgullosas que son las misóginas de metro ochenta y dos. El tema es que se acercó a Rocky como un ogro y le soltó una amenaza que nadie oyó, así que Migue gritó: “Joder, en este sitio cada vez ponen la música más alta. ¡Johan otra ronda menos uno, y ponnos “We are the Champions” echando leches!” Miguel no era mujer pero era el que menos soportaba a su cuñada, aunque todas pensábamos que en realidad Migue tenía alma de mujer, pero no en plan travesti, ya me entiendes, era más bien lo que nosotras llamábamos un “hombre lagarta”. Era el típico tío con maldad femenina, como un gay borde, pero hetero. Acto seguido Virginia salió corriendo del pub y Rocky la persiguió como un perrito faldero, y Javi, Lu, Laura y yo en tropel salimos detrás de ellos con nuestras cervezas en mano para no perdernos la escenita de reconciliación (les gustaba montar escenitas y nosotros encantados, porque era mucho más barato que ir al cine), con tan mala suerte que Rocky tropezó con el armario empotrado del portero y fue a caer de boca, y después de dos zancadas propias del Ballet de la República de Bielorrusia fue a estampar la cara entre los omóplatos de Virginia, quien gobernada por un efecto dominó se dio de bruces contra una Harley Davidson nuevecita que había aparcada junto a la puerta de otro pub.Al ver que se movían y que no había rastro de sangre ni ningún otro tejido humano decidimos que lo mejor que podíamos hacer era meternos otra vez en la taberna, en silencio, como si no hubiésemos visto nada, y una vez allí, a salvo, quedarnos inconscientes de la risa. Migue, entre tanto, estaba bailando “We are the Champions” poniendo cara de circunstancia encima de la barra, echándole estrambóticos guiños a una pobre guiri que no tenía culpa de nada. Todos fuimos a llamarlo para que bajara y escuchara la historia del batacazo cuando el portero entró al local y nos dijo con cara de pasmo: “Vosotros veníais con esos dos, ¿no?” a la vez que señalaba la calle con su dedo pulgar. Entonces de nuevo los cuatro salimos fuera como una bala, y no había dado tiempo a que todos atravesáramos el portón cuando presenciamos el espectáculo. Una ridícula mujer regordeta que no superaba el metro cincuenta, vestida con divertidas mallas negro metalizado, una chupa de cuero sin mangas y un pañuelo salpicado con lo que parecían pequeñas calaveritas rojas y plateadas, realizó un acróbata salto del tigre sobre Virginia, que aún estaba despegándose el asfalto de las muñecas, y sin dejar de chillar “¡Mi moto es mi hija, zorra!” abrió sus peludas manazas (te lo juro, más vello del que nunca podrías imaginar) y se enganchó a la engominada cola de caballo de Virginia, de esas que parecen hechas en la peluquería porque quedan demasiado perfectas. Nosotros, paralizados. Como si estuviéramos viendo algo en otra dimensión y no pudiéramos cruzar el umbral. Entretenidos también, para qué mentirte. Fue en aquel momento cuando Rocky pudo reaccionar (en realidad no sabíamos en qué estaría pensando hasta ese instante, puede que igual de entretenido que nosotros… en el fondo) y cogió a la atacante por la espalda, que se dio la vuelta violentamente, como poseída, y descargó un manotazo peludo sobre los huesos propios de la nariz de Rocky. Ahora ya sabes por qué Luija pasó a llamarse Rocky. Entre tanto jaleo, yo le dije a Javi que entrara a por Miguel y que hicieran algo, que para eso eran los hombres, y no pasaron ni treinta segundos cuando la que parecía ser la novia de la “madre de la moto” consiguió despegar a la fiera de nuestros amigos. Finalmente, los bloques de cemento que mantenían incrustados nuestros tacones a la calzada se quebraron, nos repusimos del shock y volamos las tres hasta donde se encontraban los tortolitos. Se habían quedado de pie, petrificados, como hacía un rato nos había ocurrido a nosotras, miraban a todas partes con cara de bobos, se miraban el uno al otro, luego a nosotras, luego a los espectadores espontáneos que habían salido de todos los pubs para echar un ojo, luego otra vez a nosotras. Silencio. Más silencio. Yo estaba mordiéndome el labio para no reírme de los pelos de Virginia, le daba un aire al tupé de Amy Winehouse, en guapa claro, pero la pobre ya había tenido bastante por esa noche, a su novio el promiscuo le sangraba la nariz. Entonces Rocky consiguió esbozar un “¡Tenía peludos los nudillos!” y todos estallamos en carcajadas. Qué gran noche. Bueno, no tan buena. No, no fue grande, para nada.
Tras el pequeño incidente de ese día Virginia y Rocky hicieron las paces y nos percatamos de que los espacios de tiempo entre pelea y pelea se iban alargando. Oh, oh, mala señal. No soportaría tener que volver antes de tiempo para asistir a una boda. Puede que por la percepción de peligro, la angustia ante la idea de perder a Rocky, o quién sabe, una divina lobotomía, Virginia actuaba más relajada con nosotras, y cuando le explicamos con pelos y señales (fue petición suya) nuestras mini aventurillas con su novio supo que no tenía de qué preocuparse, y parece que su odio hacia nosotras bajó un par de puntos. De 11 sobre 10 pasó a odiarnos sólo un 9 sobre 10, todo un logro. Migue decía que en vez de un palo en el culo ya sólo tenía medio, otro logro, bien por Miguel. Incluso se permitía sacar el tema en ocasiones en las que se sentía especialmente simpática, al fin y al cabo era una historia que involucraba a su novio e indirectamente a ella, y eso la hacía sentirse más integrada en el grupo.
El día del brindis era uno de esos días, no sabíamos exactamente qué le había podido ocurrir para que se encontrara tan alegre y abierta. Apostaría lo que fuera a que Lu hizo cálculos y todo para que el día de mi despedida no contara con un drama romántico improvisado – buenísimo, me la imagino con su gorro de cocinera profesional, un mantel con el cuerpo de una tía tetona vestida de gitana (regalo cachondo de cumpleaños, idea de los gemelos), una enorme pinza abrazando sus descontrolados rizos color caoba (bonito tinte, pero no a todas les queda tan bien como a ella) y calendario en mano diciendo: “A ver… un chorrito más de aceite… Uff a esto le falta más sal, a ver cuándo le bajó la regla a Virginia… ¿fue cuando le arrancó el aro de la oreja a Rocky o cuando le tiró las palomitas por la cabeza en el cine…? ¡Eso, ahí fue! Bueno entonces nuestro día clave es… ¡el jueves 22!”. Aunque, sin embargo, yo no pude evitar pensar que en una no muy remota parte de su ser Virginia estuviera contenta porque yo me iba (qué bruja soy, pero ella lo es más).
Tras el comentario de los líos de su novio todos rieron a carcajada limpia, menos Rocky, porque no pudo evitar acordarse de la noche del puñetazo - el pobre nos contó que había tenido sueños eróticos con la motera asesina y su novia (Virginia no, digo la novia de ella) durante dos semanas, y Migue, que ejercía de psicólogo cuando no estaba pedo, le dijo que estaba claro que le atraía un tipo concreto de mujer...
- Ja… Ja… - a Lu no le disgustó el chiste pero no soportaba que alguien la interrumpiera en mitad de su discurso, ya tenía bastante con su ataque de afonía idiopática – Eso fue hace mil años. A lo que iba, que antes de quedarme afónica quiero decirte, en nombre de todos, que te queremos, siempre te hemos querido, y siempre te querremos, y que vamos a hacer todo lo posible porque te recuperes, de todo corazón…
- Agárrame un cojón.
- … Ya es un sacrificio para nosotros que te vayas tan lejos… - continuó muy digna Lu.
- ¡Ni que se fuera a Alaska! – Migue a la carga.
- ¿Ya tiene la copa llena otra vez, cojones? Joder mirad que os dije que escondierais el puto Vodka – Laura, al contrario que Lu, más cómoda se siente cuando más tacos suelta, es una chica guapa, con una melena castaña, larga y algodonosa, y unos labios preciosos, de anuncio de gloss, que todas envidiábamos. Pero cuando hablaba sólo le faltaba un tupido bigote para parecerse a un camionero de una peli de Almodóvar.
- Dejad hablar a mi mujercita – se impuso Javi con voz ronca.
Un “¡PUAAAAJ!” sonó a coro.
- Pues sí, se va lejos, podría irse más lejos así que agradece que no le haya dado por largarse a Australia – para Lu irte a Australia es casi más lejos que irte a Marte -. Dios mío, mi voz, bueno que te vamos a extrañar un montón…
- Agárrame un cojón.
- Que… ejem ejem, agua – Javi le tendió un vaso de agua – Erika… ¡ya está, vaya mierda! – pudo susurrar Lu al fin.
Yo fui a abrazarla mientras los demás aplaudían, para que no se sintiera mal, ya que, quitando la parte de la mierda, había sido uno de sus mejores discursos hasta la fecha, y además no me seducía la idea de estar pegada al móvil todos los días del mes siguiente escuchando lo avergonzada que estaba por haberla “cagado” al final del discurso.
- Que diga algo la homenajeada – propuso el capullo de Rocky.
- ¡Eso! ¡Que hable, que hable, que hable! – corearon todos al unísono, todos menos Lu, que había ido al baño a hacer gárgaras.
- Bueno…
- ¡Callad coño que ya está hablando! – ordenó Laura a la vez que confiscaba la copa a Migue.
- Pues eso, que muchas gracias por todo… yo, yo también os quiero… mucho… No me hago a la idea... – nudo en la garganta- vosotros… Gracias por quererme así, por vuestro apoyo. No sé qué hubiera hecho… - doble nudo – … de no haber … – todos permanecían mudos, como piedras, con el talante triste ahí parados, sin saber cuándo volveríamos a vernos. En ese momento me vinieron infinidad de recuerdos y anécdotas a la memoria, mis amigos… ¿Qué seré yo allí sin mis amigos? Silencio. Cerré los ojos. Oh no…¡Contente Erika!
- ¡Por Erika!
- ¡Eso, por Erika!
- Buena suerte Erika. Buena suerte.
Y todos brindamos en el momento justo. Cero lágrimas. Cero melancolía. Cien por cien de todo lo demás.